domingo, 30 de octubre de 2016

Prólogo nuestro al libro "Cuando la luna entra por el cordón umbilical", de la escritora y poeta Carmen Cecilia Morales

                                                             Prólogo

    Siempre que tengo en mis manos un libro de cuentos, pienso en el crítico neoyorquino Harold Bloom, quien sostiene que el cuento moderno se divide en dos tradiciones muy diferenciadas: la chejoviana y la kafkiano-borgiana. Pero habiendo tan grande número de cuentistas trascendentales, ¿no cabe la posibilidad de una tercera tradición? Cortázar sería un buen ejemplo, pero sinceramente creo que no alcanza a concretar los elementos para inaugurar un tercer camino, en mi consideración, el argentino se ajusta más a Kafka y Borges, pero debo aclarar, que esto no significa que los escritores se deban ceñir estrictamente a estas dos vertientes, en la práctica los autores pueden ir de una orilla a otra sin ningún problema, sin que ello signifique la inauguración de una tercera posibilidad.

    Todo lo anterior, porque me ocupa el libro de cuentos Cuando la luna entra por el cordón umbilical, de la escritora y poeta colombiana Carmen Cecilia Morales González, quien nos presenta un mundo de historias donde nos muestra su amplio rango de posibilidades creativas, su capacidad de narrar y sus dotes poéticas —sabido es que la poesía trasciende el simple formato del poema y puede estar en la prosa—.

    Uno de los grandes retos de los cuentistas es hacer sentir a sus lectores que la fantasía en sus narraciones es verosímil, es decir, que parezca real, que quepa la posibilidad de haber sucedido en cualquier parte del mundo, para ello es menester trabajar los elementos de tiempo, modo y lugar con mucha naturalidad, y nuestra autora lo hace bien, como lo podemos apreciar en el cuento que le da título a este libro: Cuando la luna entra por el cordón umbilical, donde la imaginación se mezcla con elementos absolutamente objetivos que le dan al texto su toque de realismo.

    Carmen Cecilia nos muestra una marcada influencia macondiana en el cuento Candelaria, una saga familiar, que uno creería imposible de trabajar en un cuento, pero la autora magistralmente la recrea y nos involucra en las peripecias del personaje principal, típica matrona del caribe, que se mueve por la historia satisfaciendo todas las expectativas que uno como lector puede tener, con los ingredientes necesarios para ser otra Úrsula Iguarán, sin ser copia ni imitación de la matriarca de García Márquez en Cien años de soledad.
    Con este cuento, la autora nos presagia la posibilidad de ver nacer de sus manos una novela, dada su capacidad de manejar varios personajes al tiempo y atender su desarrollo en diferentes estaciones de la línea cronológica de la obra.

    Dicen los críticos literarios, que la gran influencia de un gigante de las letras como García Márquez, dio al traste con la carrera de muchos escritores de Colombia que no supieron sortear su influjo. Afortunadamente, no es el caso de Carmen Cecilia Morales, quien supo distanciarse de este maestro de la narrativa mundial y hacerse a su propio estilo, a su sello personal, asunto, por demás, muy complejo, ya que muchos autores ven pasar los años sin encontrar su marca individual. 

    Una de los ingredientes que considero importantes en el acto de narrar de Carmen Cecilia Morales, es su capacidad para sorprender al lector, sus giros imprevistos en las historias, las impresiones que nos aguardan, esos finales inesperados. No escribiré los nombres de los títulos de dichos cuentos para no condicionar ni dañar el encuentro con estas historias, que sea feliz el momento en que los relatos salten furtivos como la liebre ante los ojos desmesurados del lector.

    En este libro, usted, lector/a, encontrará una narrativa fluida, sencilla, que no quiere decir elemental —cosa que algunos mal entienden y caen en la pedantería de una escritura enrevesada y rebuscada—, que atrapa y lo va llevando a uno con la palabra hasta el clímax de cada historia. Sus diálogos son precisos, necesarios, oportunos, característicos del perfil sicológico de cada personaje, hecho positivo en Carmen Cecilia Morales González, lo que indica su minuciosidad a la hora de abordar el oficio de escribir.

    Decía acertadamente Jaime Jaramillo Escobar, poeta, escritor y tallerista, que «No hay buena prosa sin el auxilio de la poesía». A mí me parece que tiene razón, y en este libro lo podemos comprobar. Cuentos como Hoyuelos de Venus y Canción del mar, evidencian la procedencia de la autora del universo poético. Ahí está la poesía, en la construcción de las líneas escriturales, en la misma génesis de los relatos, en el tratamiento del recurso verbal, en la magia (si se me acepta el término) del próximo instante en materializarse ante la avidez del lector.

No dudo que el libro Cuando la luna entra por el cordón umbilical, será bien recibido por la gente que ama el cuento, que ama la poesía, que le encantan las historias; las encontrará desde el amor —tratado con cuidado para no caer en la tan socorrida cursilería—, el misterio, el costumbrismo —como en el cuento El paso—, lo absurdo e irónico de la vida, en fin, una gran variedad temática que nos señala que Carmen Cecilia Morales González llegó para quedarse. Y desde este rincón del Caribe colombiano, por mi parte, le digo: ¡bienvenida!
   
Juan Carlos Céspedes Acosta
Cartagena de Indias, 11 de agosto de 2016 

© Todos los textos son de propiedad exclusiva de Juan Carlos Céspedes (Siddartha)

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